— Ven inmediatamente a casa de mi madre. Tengo que preguntarte algo —ordenó Miguel.
Su tono tajante y autoritario irritó profundamente a Andrea.
— Miguel, te lo diré por última vez: me estoy preparando para divorciarme. No tienes ningún derecho a darme órdenes —respondió ella con firmeza.
Al escuchar su rotundo rechazo, el semblante de Miguel se oscureció aún más, dejando entrever una mezcla de frustración y rabia.
— ¿Aún no has tenido suficiente? Bien, muy bien —masculló entre dientes.
Andrea n