Tomás la vio con esa expresión tan alegre y miró detrás de ella.
—¿No ibas a llamar a los chicos para que bajaran a comer? ¿Dónde están?
La sonrisa en el rostro de Diana se hizo aún más profunda, se acercó con pasitos pequeños y se inclinó para susurrarle al oído.
—Viejo, esta vez sí que va en serio. ¿Adivina qué estaban haciendo los dos cuando subí hace rato?
—¿Qué estaban haciendo?
—¡Estaban abrazados! —dijo Diana, y de la emoción no pudo evitar darse palmadas en las piernas.
Al escuchar esto,