Solo Juan estaba sentado en el sofá, con rostro sombrío, esperando silenciosamente a Andrea. Ella nunca llegaba tarde antes, pero hoy el evento estaba por comenzar y aún no aparecía.
Un grupo de niños se acercó burlonamente.
—Juan, ¿por qué no ha llegado tu mamá? ¿No vendrá?
—Oí que cuando te lastimaste la última vez tampoco vino. ¿Será que ya no te quiere?
La inocencia infantil puede ser cruel con sus palabras.
Juan, ya de mal humor, frunció más el ceño.
—Imposible, claro que vendrá. Les dije q