Aunque no entendía bien la situación, Juan se aferraba a la pierna de Ximena con indignación, intuyendo que los iban a echar.
El rostro de Miguel se ensombreció: — ¿Estás diciendo que nos van a expulsar?
El gerente hizo una reverencia: — Realmente lo lamento, señor Hernández, pero nuestro establecimiento tiene normas. Debemos cumplir con las peticiones de los titulares de tarjeta oro.
Miguel sonrió fríamente, mirando a Vicente con una intensidad glacial. Era la primera vez que alguien lo humilla