Lo que Andrea quiso decir estaba más que claro.
A Salvador se le borró la sonrisa del rostro.
Vicente siguió devorando las alitas de pollo, cada vez con más ganas.
Luciana y José también respiraron aliviados.
Salvador captó perfectamente lo que Andrea insinuaba y, sin agregar nada más, se incorporó.
— Está bien, ya que nuestras posturas son tan diferentes, no voy a insistir. La verdad no me gustaría encontrarte en un tribunal, pero espero que podamos seguir siendo amigos.
Tras decir esto, Salvad