Andrea colocó las compras en el maletero.
—Di lo que tengas que decir aquí mismo.
Miguel frunció el ceño al ver que ella no tenía intención de apartarse de Vicente.
Se acercó a ella: —Necesito hablar contigo a solas.
Andrea estaba algo impaciente, pero aun así se contuvo y se alejó unos pasos con Miguel.
Vicente los observaba por el espejo retrovisor, torciendo la boca.
—¿Qué pasa? Date prisa, tengo que volver para cocinar.
Preparar un caldo no era algo que se pudiera hacer en un momento.
Miguel