Después de un momento, Katia volvió a sonreír fríamente.
— Solo les estoy dando un buen consejo, no sean desagradecidos. Al final se quedarán con las manos vacías. Ya han visto lo pobres que están estas dos.
Vicente arqueó las cejas:
— Así es ahora, pero quizás no sea el caso cuando termine el juicio.
La sonrisa de Katia comenzó a desvanecerse.
Su mirada fría, mezclada con resentimiento, se dirigió hacia Lina y Daniela.
— Ja, he venido hoy para advertirles que no desafíen mis límites ni desperdi