Viendo su actitud, Julieta abrió el chocolate y le dio un trozo.
Al comer el dulce, una sonrisa apareció en el pequeño rostro de Juan.
— Juan debe ser obediente. Después de comer, hay que dormir tranquilamente, ¿sí? Cuando despiertes mañana por la mañana, todas estas delicias serán tuyas.
Juan se aferró a su brazo.
— Tía, tú eres quien más me quiere, y yo también te quiero.
Julieta le dio unas palmaditas en el brazo. "Ya basta de charla, duérmete de una vez", pensó.
Tenía que trabajar temprano m