Su cabeza zumbaba.
La voz de Vicente la devolvió a la realidad.
—¡Oye! ¿Estás bien?
Andrea lo miró aturdida y se dio cuenta de que durante la caída se había aferrado a su mano.
Avergonzada, lo soltó rápidamente, se quitó el arnés y se levantó.
—Estoy bien.
Vicente también se levantó y salieron juntos.
—¿Qué tal? ¿Quieres probar otras atracciones?
Durante la caída, Andrea sintió que su corazón se le salía.
Pero tenía que admitir que después de gritar con todas sus fuerzas, se sentía mucho mejor.