Julieta estaba por irse, pero al verla así, Miguel se compadeció.
—No estoy cansado. Si quieres subir, te acompaño.
Julieta se alegró y fueron a hacer fila entre la multitud.
De pequeña, Andrea adoraba el parque de diversiones, pero todo eso terminó a los dieciocho cuando conoció a Miguel.
Desde que se enamoró de él, siempre se exigió comportarse como la señora Hernández.
Sobria, digna, sin mostrar emociones.
Por eso hacía años que no visitaba un parque, y ahora las atracciones que antes le enca