Incluso a Luis se le saltaron las lágrimas por el humo.En la mesa ya habían terminado de preparar casi todo, así que las tres se levantaron y se dirigieron hacia ellos.
Macarena, atenta, limpiaba la cara de Luis con toallitas húmedas.
Luciana, al ver a José todo negro, no pudo contener la risa.
— ¡Pfff! ¡Con esas caras, cualquiera pensaría que son vendedores de carbón!
Luis, juguetón, frotó su cara llena de hollín contra la de Macarena.
Andrea, al verlos tan alegres, sintió cómo su sonrisa tambi