Mientras tanto, a las afueras de la empresa en la entrada principal, Jack bajó lentamente la ventanilla del auto negro, dejando escapar una sonrisa amplia, confiada, peligrosa.
La brisa de la noche acarició su rostro mientras sus ojos brillaban con esa mezcla de arrogancia y frialdad que lo caracterizaba. Desde otro de los vehículos que componían el convoy, un lobo de su manada descendió con paso rápido y firme. Abrió la puerta del auto con respeto, inclinando ligeramente la cabeza.
—Listo, se