Alejandro reaparece con una camisa blanca remangada y pantalones caqui claros. Parece salido de una publicidad de perfume italiano y, aunque intento no mirarlo demasiado, mis ojos no me obedecen. Me visto sin apuro, eligiendo un vestido color lavanda con flores rosas que compré sin pensar en usarlo.
—¿Qué planes tienes para hoy? —inquiero, rompiendo el silencio con voz tranquila, como si no acabáramos de dormir abrazados, como si no hubiera existido ese beso, esas caricias, esa noche.
—Dormir,