La caminata por la playa se siente como una misión de alto riesgo. Con cada paso, María y Carlos nos bombardean con preguntas, y aunque Alejandro responde con su usual calma, puedo notar que está tenso. Yo, por mi parte, intento mantener la compostura, pero es difícil cuando sé que en cualquier momento pueden hacer una pregunta que nos delate.
—Y dime, Isabel —dice María con una sonrisa encantadora—, ¿qué fue lo que más te enamoró de mi hijo?
Mis pies se hunden un poco en la arena, y aunque el