El calor inundó a Rick, sus dientes se extendieron mientras escuchaba el pequeño susurro de su luna y gruñó cuando escuchó la clara aprobación de que estaba lista para que él realmente pudiera tenerla en sus brazos una vez más.
Rick movió la mano delicadamente hacia la piel sedosa de los hombros de su luna. La camiseta sin mangas que el alfa le había dado para dormir, ahora era lo más sexy que había visto jamás y era justamente por eso, por lo que el hombre no pudo evitar gruñir de deseo.
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