Raquel observó a su hermana marcharse desde el porche de la casa donde se encontraba alfa, que ni siquiera le informó, se acercó sigilosamente hacia ella con la niña en sus brazos. Raquel solo lo miró mientras él dejaba a la pequeña sobre sus propios pies para que entrara en la casa sola.
— Raquel, te juro que…
— Estoy muy molesta ahora mismo — respondió —. No puedo creer que la dejaras venir aquí y menos que… Que le prestaras tu ropa.
La chica se dio media vuelta para intentar entrar en casa,