Los días pasaron tranquilos después de que Melissa se marchó, Raquel dejó lentamente que su alfa volviera a tener la oportunidad de estar cerca de ella y debió admitir para sí misma que no sería capaz de apartarse de ella jamás.
La chica terminó de ducharse y se miró al espejo. Su rostro le disgustó casi tanto como el hecho de que probablemente estaba tan enamorada que jamás sería capaz de irse de aquella casa. Raquel salió del baño después de hacer a su cabello una trenza. Le agradó el aroma d