Pov Amaya
La suave brisa fría entra por la ventana arremetiendo contra mi pálida piel.
Sentada en una de las esquinas de mi habitación abrazando mis rodillas como si buscara consuelo.
Mis lágrimas salían con libertad, arrastrándose lentas y silenciosas sobre mis mejillas, cayendo en mis piernas desnudas.
Enzo ya no estaba, Aidan ya no estaba. Algo les pasó y yo no estuve allí para ayudarlos. No estuve allí cuando llevaron su cuerpo decapitado a la manada para darle la última despedida.
Mi pec