VICTORIA
Respiro hondo, intentando mantener la calma mientras Morgana avanza hacia nuestra mesa con una furia que parece hacer temblar las copas en el restaurante. Los clientes a nuestro alrededor se quedan en silencio, sus ojos fijos en el drama que se despliega ante ellos.
—Zarco, dice Morgana, su voz cortante como el filo de un cuchillo—¿explícame que haces aquí con ella? Con... Victoria, con esta poca cosa.
Su mirada me atraviesa, pero me mantengo firme, sosteniendo su desafío y me apena po