ZARCO
Mientras estaciono el auto, no puedo dejar de mirar a Victoria, sentada a mi lado. Los dos días que pasamos en mar abierto han sido como un sueño. Me siento más enamorado de ella que nunca, y me doy cuenta de lo mucho que la amo. Me arrepiento de haberla despreciado al principio, de no haber visto el tesoro que tenía delante de mí.
Miro sus manos, que descansan en su regazo, y recuerdo la sensación de tenerlas entre las mías. Me siento abrumado por el deseo de tocarla, de besarla, de amar