>>> Adalet:
No me soltó...
El maldito no me soltó de sus brazos ni un solo momento. No era que me sintiera cómoda, todo lo contrario.
¡Estaba furiosa!
—¡SUÉLTAME, ZEFOR! —grité, exigiéndole con todas mis fuerzas. Hice de todo, pero… ¿por qué tenía que ser tan increíblemente fuerte?
Exhalé, y en cuestión de minutos, dejamos atrás el pueblo y el sendero boscoso que lo conectaba con la mansión.
Al entrar en la mansión de "Garra Dorada", las miradas de sus hombres y mujeres lobos nos s