Leonard
La daga se hunde en mi pecho por sí sola como si supiera exactamente a donde tiene que ir.
Y el dolor… El dolor es absoluto.
Desde la distancia puedo escuchar el rugido de furia de la oscuridad, el piso tiembla, el aire se vuelve viscoso, pero ya nada de eso me importa, porque yo he hecho lo que tenía que hacer.
Lo he dado todo por ella y no me arrepiento.
Siento como si brassas ardientes estuvieran corriendo por mis venas, el ardor me quema, me arde, me duele hasta el punto de hacerme p