Capítulo 73.
Voces. Algunas eran gruñidos, otras sollozos, otras súplicas. Todas distintas, todas instándome a despertar… pero yo estaba agotada. No quería. No podía.
Olores iban y venían, acariciándome como ráfagas lejanas mientras intentaba abrir los ojos sin éxito.
Cuando por fin lo logré, la brillante luz que entraba por la ventana me cegó. Parpadeé, confundida, hasta que el rostro lloroso y demacrado de Mariana apareció en mi campo de visión.
—¿A… Alina?
La miré sin comprender. ¿Por qué se veía así?
Un