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La oscuridad seguía moviéndose debajo de la piel del alfa.
Como algo dormido.
Algo esperando. Y ella sabía que cuando ese algo saliera, acabaría con todo. Quiza eso explicaba la sangre en su ropa.
Sonja permaneció quieta en el último escalón mientras el miedo le recorría lentamente la espalda. El aire del sótano era pesado, caliente y estaba completamente impregnado del olor metálico de la sangre. Había demasiada. Sobre el suelo. Sobre la mesa. Sobre las manos de Eiden. Sobre la ropa de Alan