El viento seguía moviendo lentamente los árboles alrededor de la mansión mientras el silencio se asentaba otra vez entre ellos. La nieve caía con más fuerza ahora, cubriendo los escalones del pórtico y pegándose sobre la ropa oscura de Veer, que seguía de pie frente a ellos con aquella expresión agotada y vacía que Lucian ya empezaba a odiar.
Entonces la puerta principal se abrió.
El sonido hizo que todos giraran la cabeza automáticamente.
El olor de Alana llegó primero, suave y familiar entre