—Entren a la casa. Ahora.
La voz de Lucian salió seca apenas terminó de observar las huellas alrededor de la mansión. No levantó el tono, pero aun así Alana sintió la tensión inmediata en el ambiente.
Evren seguía llorando en brazos de Eiden, inquieto, moviéndose demasiado entre las mantas.
Lena fue la primera en reaccionar.
—Alana, ven.
—No pienso esconderme otra vez —murmuró ella levantándose lentamente del sofá.
Lucian giró la cabeza hacia ella y sus ojos ámbar brillaron apenas.
—No te lo es