El sonido del viento golpeando las ventanas se había vuelto parte de la rutina.
Alana estaba empezando a acostumbrarse al frío constante del bosque, al olor de la nieve entrando cada vez que alguien abría la puerta principal y también al movimiento interminable dentro de la mansión de Lena. Durante la última semana, la casa había estado llena de lobos entrando y saliendo a todas horas. Algunos llegaban con comida, otros con mantas, medicinas o regalos pequeños para Evren, pero la mayoría solo q