El silencio que quedó después de que el cuello de Veer se rompiera fue mucho peor que los gritos.
Durante varios segundos nadie se movió.
La nieve seguía cayendo lentamente sobre el bosque, acumulándose sobre los hombros de Lucian, sobre el cuerpo inmóvil de Veer y sobre la sangre que comenzaba a teñir el suelo blanco alrededor de ellos. El viento soplaba entre los árboles haciendo crujir las ramas, pero aun así el ambiente se sentía extrañamente quieto, como si todo el bosque hubiese contenido