En posición de defensa, observo el bosque en busca del origen de lo que nos acecha, hasta que la maleza se abre y me quedo helado: primero una cornamenta obscura como la obsidiana es lo que se asoma y, pegado a ella, un cuerpo voluminoso y brillante como la luna misma. Un ciervo lunar.
-No puede ser... esto tiene que ser un sueño.
-La Diosa dijo que haría que la luna brillara para nosotros.
-No creí que haría algo así.
-Pues nos ha honrado de una manera poco esperada.
-Y que lo digas...
Frente