La forma en que me mira justo ahora, con el rostro enrojecido y los ojos abiertos casi como platos, me resulta en extremo graciosa. Es evidente que no sabe ni qué hacer ni dónde mirar, porque es verdad que estoy completamente desnudo dentro de la tina. No importa que el agua me cubra, no es suficiente para disimular la erección que me cargo justo ahora y ella siempre tuvo ese toque tímido que me resultaba gracioso. Ni siquiera se atrevía a mirar a nadie cuando recién cambiaban de lobo a forma h