Golpeo con fuerza una y otra vez la bolsa que está frente a mí, sintiendo las gotas de sudor que se deslizan por mi frente, mi cuello y mi espalda. Si bien se suponía que tenía que descansar para ésta noche, la verdad es que no puedo estar quieta, no puedo simplemente dejar estar las cosas. Las imágenes de lo que ocurrirá se reproducen una y otra vez en mi cabeza, escenarios de todos los tipos, desde completa y absoluta muerte, hasta una victoria rotunda donde sostengo el cadáver de ese idiota.