Juntos lado a lado, y con los mellizos a nuestra espalda, Tayler y yo avanzamos por el camino que ha quedado marcado por los dos grupos de lobos listos para la batalla. Todos están en silencio y a la espera, atentos a cualquier indicación de los generales sobre lo que deben hacer, hasta que nosotros subimos a la tarima y ellos centran su atención en nosotros.
Sé que esperan que sea mi compañero quien les hable, sin embargo, ambos acordamos por idea suya, que sea yo quien les dé "mi discurso" a