4 de marzo de 1983:
Diario de Víktor Ivanov el viejo):
Fui a verla.
¿Cómo podría no hacerlo?
Partí como un poseído en cuanto recibí su carta y corrí al aeropuerto para volar a Italia.
Mediante una llamada telefónica le hice saber que la esperaba en el nido, y cuando nos reencontramos fue como si no hubiesen pasado meses desde la última vez que la había visto.
La desnudé con una prisa loca y me hundí en ella hasta saciar esta agonía que me corrompe cada vez que estamos separados.
Los besos fuero