Sulima al Gala:
Abdul me besa, mientras yo lloro desconsoladamente entre sus brazos.
—No os caseros con esa víbora, mi amado. Ella planea asesinatos luego de la boda, la escuché, complotar en vuestra contra hace dos noches, a las afueras del jardín del harén.
El rey me sonríe, besando mis ojos enrojecidos y anegados en lágrimas.
—Sé que temes por tu posición una vez me case, pero permite que calme tus preocupaciones, mi pequeño diamante rojo. Nuurhan será mi esposa, pero tú conservarse tu luga