27. Escape
No supe qué planeaba Lena cuando mencionó que solo necesitábamos diez minutos, y tampoco me detuve a preguntarlo. Apenas terminó de hablar por teléfono, guardó el dispositivo en el bolsillo de su delantal y retomó el camino por el estrecho sendero flanqueado por arbustos. Ella iba delante, moviéndose como una pantera sigilosa, mientras yo la seguía, con la fría presión del arma que me había dado aún pesando en mi mano. Hacía mucho que no sostenía una de estas.
—Quédese aquí —dijo en voz baja, d