54. Una decisión
El alma me volvió al cuerpo al repasar una y otra vez esas palabras. Era real. Me sentí aliviado y, aunque debería sorprenderme más que la sangre Zaisevt corriera por mis venas, no lo hizo. Lo único que me importaba era la seguridad de Nika, y ya la tenía en mis manos.
Escuché a Artem bufar con fastidio y levanté la mirada, dándome cuenta de que no había dejado de mirar el papel. Maksim tenía una sonrisa satisfecha en el rostro, con un matiz que rozaba lo… ¿empático?
—Ya ves, Artem, yo tenía ra