La luz fluorescente golpeó sus ojos cuando los abrió lentamente.
El techo blanco y las paredes estériles le confirmaron dónde estaba antes de que su mente terminara de despertar.
Un hospital.
Ariadna sintió un nudo en la garganta, y el sonido de un monitor cardíaco acompañaba el creciente pánico en su pecho.
Intentó moverse, pero su cuerpo estaba pesado, cada músculo parecía rehusarse a obedecer. Una sensación de frío recorrió su piel cuando notó que llevaba una bata de hospital. Su respiración