— Puedo ver que gracias a la bondad y el gran corazón del señor Vásquez; la vida de este niño parece nuevamente en orden. — La trabajadora social garabateaba en su archivo sin levantar la vista.
Mara se mordía los labios para contener la furia mientras Vásquez pasaba la mano por encima de su hombro, con una sonrisa de oreja a oreja.
— Me alegro mucho de que les haya permitido quedarse en su casa, y que les tienda una mano durante su precaria situación. — Miró a Mara; ella permaneció impasible