Todo el camino hacia la universidad fue silencioso, lo único que nos acompañó era la música del estéreo de su auto.
Aún no podía creer que iba en el auto de Javier, y más aún no podía creer la manera tan tranquila que él se había tomado la noticia de que yo era quien escribía ese tipo de libros, esperaba alguna reacción como burla, o más interrogantes sobre lo que hacía, pero él se había tomado todo esto con calma. Todo lo contrario se había ofrecido a ayudarme.
En ocasiones lo veía de de reo