—¡Elliot! —grité, corriendo hacia él sin pensarlo dos veces.
Podía estar lastimado. Sólo pensaba y rezaba a los dioses porque estuviera bien. Mi hermano no podía solo lastimarte con su propia magia. ¿O sí?
Quería pensar que no era un brujo tan torpe.
Me permitió acercarme a él, más no quiso que viera su rostro. Sus brazos lo cubrían y aunque no intentó alejarme, tampoco se acercó a mí. Estaba tan mortificada por él, que no tenía tiempo ni de pensar cómo había detenido su ataque. ¿Había usado ma