35° Un perdón de corazón.
Lia estiró la mano para agarrar el hombro de Oliver, pero él la tomó con poco cuidado de las muñecas con una sola mano y las presionó por sobre su cabeza en el escritorio, inmovilizándola.
Sintió como el hombre entraba y salía de dentro de ella, y la sensación la tenía embriagada, paralizada. Las manos del hombre sobre sus muñecas se aferraron como dos masas de hierro y la fuerza del cuerpo de Oliver la excitó más.
Sobre ella, él daba círculos con la cadera y entrecerraba los ojos disfrutando d