La mañana llegó y yo, siendo sincera, apenas había dormido bien. No sé qué era con exactitud lo que sentía. Era un remolino de culpa, de nervios, de sensaciones que hacía tiempo no sentía. Por un lado me sentía como la chica que conoció al príncipe en su primer baile: todo era tan nuevo y excitante. Pero dentro de mí algo me decía que va a ser igual de traicionero que en aquella historia. Y si no es así… ¿y pierdo esta oportunidad?
No sabía si debía ir a la plaza. Y si iba, qué haría. Era todo