Su propia locura.
Abrió el grifo y colocó un pequeño chorro de jabón líquido sobre las palmas. Se lavó las manos mientras analizaba su rostro en el espejo. Un leve rastro asalmonado cubría sus pómulos y en sus ojos halló un nimio atisbo de brillo.
Poco a poco recuperaba su esencia. Poco a poco volvía a la normalidad. A por lo menos aparentar ser un chico normal.
—Hola, Asariel —saludó alguien.
Un espasmo sacudió su cuerpo.
No. No haría caso. Él no estaba oyendo nada más que el agua correr en el lavado.
Cerró el