Réquiem de un cuervo: feliz.
Las muecas que pincelaba en los labios no eran sonrisas, en su mirada ya no habitaba la calidez de sentirse vivo y sus pómulos ya no eran el nido del rubor de la timidez. Había dejado de ser la persona vivaz y audaz, risueña y gentil... Todo atisbo del carácter peculiar que lo hacía resaltar se esfumó. Hoy día no era más que un espectro de lo que fue alguna vez. Cansado y sin fuerzas para continuar con una vida que ya no lo era. No había nada para él ahí afuera. El mundo no tenía nada que ofrec