Hoy tocaras el cielo con las manos.
Las evidencias estaban a la vista y aquel reflejo de su rostro en el impoluto cristal, le demostraba una vez más que no todo eran palabras insulsas, que no todo eran promesas vacías y que sí existía algo tan inefable como la felicidad. Se había demostrado a sí mismo que todo era posible y ahora solo esperaba por ese algo que el mundo tenía reservado solo para él. Había peleado con capa y espada, demostrando su mejor destreza y el descanso se lo tenía merecido.
Muchos años pasaron. Luchó cada ba