El mafioso no sabía si era cierto o no lo que su hermana le contaba, pero lloraba con tanto sentimiento que eso era lo que lo enfadaba más.
— ¡No puedo creer que se atreva a hacer tales cosas, estás embarazada y su deber es cuidarte y protegerte, no joderte el mismo, carajo! Pero ya verá. Ven, pasa a la sala de estar, voy a traerte agua.
— Mejor algo más fuerte, una piña colada estaría bien. — Pedía Úrsula.
— ¿Qué que...? Tú no puedes beber alcohol, debes tomar agua solamente.
— Ánd