Mil colores se le subieron al rostro a Adriana, su esposa estaba especialmente audaz en esos momentos, ella quería salir corriendo del cuarto de baño pero no podía, se tendría que quedar y tragarse la vergüenza
— Tranquila, no voy a hacerte nada, respira o vas a ponerte azul, solo recuérdalo la próxima vez, dependerá solo de ti si me provocas o no, ahora déjame desnudarte para que te puedas duchar, no debes sentir pena por qué te vea desnuda, ya te conozco a la perfección, cada curva, cada lu