Un mes y medio después, los esposos Lombardi, se encontraban en el consultorio del ginecólogo que atendía a Adriana, ella había llevado excelentes cuidados gracias a su marido y la estaban dando de alta, ya podría moverse más a placer, y dejar la cama
— ¡No puedo creer que por fin voy a ser libre de ir y venir a dónde se me plazca, podré arrullar a mis bebés, salir al centro comercial, regresar a la escuela, no podría estar más feliz!
— Un momento señora Lombardi, la estoy dando de alta p