Solo un gruñido se escuchó salir de la garganta del hombre, que su esposa saliera no le agradaba en lo absoluto, si que estaba siendo posesivo
— Espera, ¿No me darás un beso?
Adriana, retrocedió sus pasos y quiso darle un beso suave y corto, pero el hombre intensificó el beso tomándola de la cintura y acercándola a él, lo que sorprendió a la bella pelinegra
Por un momento la mujer pensó que no la iba a dejar ir, más al separarse, Donovan, habló
— Si pasa algo, lo que sea que sientas