Los días pasaban y el CEO ruso seguía inventando pretextos para entrar a la mansión Alcántara. De pronto ya lo invitaban a comer, a tomar el té, o a cenar.
— Sé que estás muy ocupado, Egon, me alegra que te dieras tiempo de venir a cenar con mi familia. — Andye decía mientras le daba un sorbo al vino de mesa que degustaba.
— Si. ya papá le debería de pedir que aporte para los gastos de la casa. Últimamente lo veo más a él que a ti Andye.
— El mayor de los hermanos, Andrés Alcántara y so